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Reporteros Sin Fronteras o el teatro del ridículo

Reporteros Sin Fronteras o el teatro del ridículo

Autor Conrado Vives Annias

Portando el legado de José Martí como bandera, los miembros de la Unión de Periodistas de Cuba  en Amancio, condenan las falsas acusaciones venidas a menos de “honorables personajes e instituciones”,  que dicen ser fieles servidores de la verdad y el principio de informar objetivamente con honor y competencia profesional. Siguiendo los dictados de la política anticubana de Washington, la organización no gubernamental Reporteros Sin Fronteras (RSF) centra ahora sus ataques contra la Isla para recordar la “dramática suerte de los periodistas encarcelados”, en clara alusión a los disidentes o mercenarios pagados por el imperio. En un artículo firmado por Salim Lamrani, y que publica el diario Granma bajo el título “La obsesión cubana de Reporteros Sin Fronteras”,  el investigador franco-iraní pone al desnudo la “filantrópica” actitud del presidente de esa entidad, Robert Menard,  quien reiteró “su petición de que [pusieran] en libertad a los veinticuatro periodistas cubanos encarcelados [...] con el absurdo pretexto de que [eran] mercenarios a sueldo de Estados Unidos”.  De acuerdo con Lamrani, la organización se refiere a las personas condenadas por la justicia cubana a penas que van de seis a veintiocho años de cárcel por asociación con una potencia extranjera y por mercenarios.  Resulta extraño que las “nobles acciones  de Menard” por esta causa coincidan con las celebraciones que realizan nuestros profesionales de la noticia, para saludar el Día de la Prensa Cubana. La agenda de agresiones e infamias contra el proyecto social cubano, recoge el desquiciado anhelo de la Casa Blanca de fabricar una oposición interna y para ello destina millonarios recursos financieros y materiales, convirtiéndose en un jugoso negocio. La industria de la contrarrevolución cuenta con el apoyo tácito y descaradamente público de las administraciones norteamericanas, que no escatiman proyectos radiales y televisivos, leyes, cláusulas o planes de transición para lograr “una verdadera democracia” en Cuba.   Un mero análisis de contenido de los “supuestos reportes” elaborados por los mercenarios de la información arroja la carencia de principios éticos, faltas a la verdad y la objetividad, y lo más triste del caso es que son creados por analfabetos funcionales que no saben nada de técnica periodística. Es sabido que una mentira dicha mil veces, se convierte en una gran verdad, y ese es el triste papel que desempeña Reporteros Sin Fronteras en el teatro de los ridículos.   En su acertado artículo, Lamrani se pregunta: ¿Por qué razones sufre RSF esta singular obsesión por Cuba? ¿Realmente es a causa de la situación de la prensa?. No, el problema es como reza el refranero popular “Dios los cría y el diablo los junta”. Reporteros Sin Fronteras y los buitres de Miami son miembros de una “ilustre legión” de estúpidos paladines y frustrados mecenas, que en vez de gastar millones para solventar las necesidades imperiosas de la Humanidad, prefieren nadar fuera del agua en un sueño que nunca será real. Y eso les conviene.   

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