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Amanciero soy

Una prisionera política en los Estados Unidos

Una prisionera política en los Estados Unidos

“Guantánamo es la totalidad, pero aspectos de Guantánamo se han estado experimentando en unidades especiales para prisioneros políticos dentro de los EE.UU.”

ARLEEN RODRÍGUEZ DERIVET

Aunque su nombre puede tener hoy escasas resonancias fuera de Italia y de los círculos de defensores de los derechos humanos, Silvia Baraldini es un emblema. Sentenciada a 43 años de prisión, de los cuales cumplió casi la mitad en cárceles norteamericanas, su vida está marcada, física y espiritualmente, por la tortura de haber sido una presa política en los Estados Unidos.

Momentos en que llega a Italia para continuar cumpliendo la condena.

Tras su definitiva liberación en Roma, en septiembre del año pasado, el destacado periodista italiano Gianni Miná, explicaba que, "¼ esta mujer, dispuesta, por coherencia con sus ideas, a jugarse la mitad de su vida, fue condenada a 20 años por el testimonio de un colaborador del FBI que equivocó, en su deposición, hasta el color de sus inconfundibles ojos azules¼ (y) para cargar sobre sus espaldas otros 20 años, los jueces del país estandarte de la democracia generaron un aborto jurídico y rubricaron como un reato común aquello que era, por su propia admisión en la instrucción, un reato político, para poder aplicar la ley Rico, escrita para reprimir a los cómplices de los mafiosos¼ "

En Italia se creó un fuerte movimiento a favor de Silvia Baraldini, quien expresó que la solidaridad internacional es muy importante para un preso político en los EE.UU.

"¼ los ulteriores 3 años Silvia los recibió por un presunto ultraje a la Corte, solo por no haber sabido dar, según los jueces, informaciones completas sobre la proveniencia de un comunicado de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional de Puerto Rico, encontrado en su habitación y que había sido, además publicado por todos los periódicos de Nueva York¼ "

Tratada como terrorista —desde mucho antes de que el término se convirtiera en la actual arma clave de la represión global—, Silvia fue víctima del tristemente célebre COINTELPRO, un Programa de Contrainteligencia del FBI, destinado a reprimir cualquier intento de oposición radical al sistema dentro de los Estados Unidos, bajo los métodos menos ortodoxos (desde plantar drogas y evidencias criminales hasta provocar muertes de policías para incriminar a acusados), como ha sido sobradamente documentado en publicaciones y hasta en películas, que tratan de suavizar con los artificios de la ficción la brutal realidad de una de las más oscuras zonas del sistema político estadounidense.

Hoy, cuando millones en el mundo hablan con horror de los detenidos en la ilegal base naval de Guantánamo y en quién sabe cuántas prisiones secretas, exigiendo simplemente que tengan su derecho a Cortes, conviene recordar que también existen cientos de víctimas, menos visibles, de trampas policiales y legales aplicadas sin piedad para silenciar y reprimir las posibles disidencias internas al modelo y que en sus casos, las sacrosantas instituciones legales estadounidenses antes que garantizar la aplicación de la Justicia, han sido el instrumento para bendecir la injusticia.

Conocí personalmente a Silvia Baraldini en Roma en el año 2004. Para entonces cumplía los últimos años de su condena en "libertad vigilada". En un tardío acatamiento de lo suscrito en la Convención de Estrasburgo (1), en 1999, la administración Clinton concedió por fin a sus pares italianos el derecho, reclamado durante 12 años de batalla legal y solidaria, a que Silvia terminara de cumplir la sanción en su país de nacimiento, aunque bajo la promesa de que nunca saldría de la cárcel antes del 2008.

Seis meses más tarde de la llegada de Silvia a Italia, Clinton liberaba totalmente a varios independentistas puertorriqueños condenados junto con ella a sentencias de hasta 130 años. ¿Por qué la diferencia?

Evidentemente porque, mientras el Gobierno italiano se limitó a demandar la limosna del traslado que la contraparte tenía la obligación de cumplir por acuerdo entre países, las comunidades boricuas dentro de Estados Unidos y en la Isla, se habían movilizado exigiendo libertad inmediata para sus presos hasta convertirse en un movimiento de incalculable fuerza, que disparó de golpe todas las alarmas imperiales.

En Italia, y a pesar de la progresión de una enfermedad que le costó varias cirugías en las precarias condiciones de la prisión, Silvia cumplió dos años de su dura condena, hasta que un Tribunal Constitucional decidió que ella tenía el derecho de cualquier ciudadano italiano preso y enfermo: cumplir el resto de la sanción en condición de libertad vigilada.

P: ¿Por qué Silvia Baraldini se considera presa política?

R: Me considero presa política, junto con otras personas, no individualmente, porque en un período muy específico de la historia de los Estados Unidos, en los años 70-80, se iniciaron toda una serie de movimientos de luchas: por la independencia de Puerto Rico, por los derechos de los afroamericanos, contra las agresiones de los EE.UU. a Granada, a Nicaragua...

En todos esos movimientos, militaba un número de personas que participaron en hechos concretos —no quiero mistificar la cosa— contra el gobierno, pero eran hechos de naturaleza política, desde una percepción de la necesidad de luchar a diferentes niveles en ese período, dentro de los EE.UU. Y claramente por esa posición, por nuestro comportamiento y, por nuestros hechos, en determinado momento arrestaron a un número de personas que recibieron sentencias muy duras, muy duras¼ yo, 43 años.

P: ¿Y cuál fue su delito?

R: Uno fue negarme a hablar frente al Gran Jurado contra los independentistas puertorriqueños. Me dieron tres años por esto, pero no fui la única. Alrededor de 30 personas que por nuestra posición a favor de la independencia de Puerto Rico, nos negamos a colaborar con el gobierno de los Estados Unidos, todas recibimos tres años de cárcel.

Y me dieron 40 años más por participar en la evasión de la revolucionaria afro-americana Assata Sakur (2). El gobierno pidió 20 años por mi participación en esa evasión, y 20 más por "ser miembro de una organización clandestina".

P: ¿Cuál era esa organización?

R: Para mí, no existía tal organización. El gobierno dijo que era una organización, pero en mi opinión éramos una coalición de diferentes individuos, que hicieron ciertas cosas en diferentes períodos. No era una organización, pero el gobierno lo dijo así porque era más fácil convencer al jurado si aparecíamos como una organización formal.

P: Es decir, también se mintió para juzgarlos a ustedes. ¿La fiscalía mintió en cargos contra ustedes? ¿O solo utilizó subterfugios?

R: No, lo real es que para crear la idea de una organización bien estructurada, acusaron a todo el mundo de todo, cuando la verdad era otra. Así fabricaron el proceso. A mí me acusaron, por ejemplo, de un hecho que sucedió estando yo en África, cuando no era físicamente posible estar en América¼

P: Llama la atención que un movimiento por los derechos civiles tan fuerte como el que llegó a darse en Estados Unidos, prácticamente ha desaparecido¼ Parece que fue muy efectiva la política de COINTELPRO¼

R: Esa también es mi opinión. El resultado del desastre provocado por COINTELPRO es que faltan una o dos generaciones de líderes. Los mataron o los encarcelaron. Y es muy importante la continuidad de un movimiento de un período al otro y al otro. Cuando faltan una o dos generaciones de personas porque están aisladas dentro de las cárceles o porque fueron matadas muy jóvenes, aunque ya eran líderes importantes, eso es un desastre, porque las nuevas generaciones que llegaron después no tenían conexión con todo lo que pasó antes.

Para mí hay otra serie de cosas ya muy ligadas a un estilo gansteril. Fue una política muy sucia.

Eso no significa que no haya personas hoy en los Estados Unidos que están luchando contra lo que está sucediendo. Yo sé que la gente sigue trabajando, que la gente sigue manifestándose contra la guerra, en las Universidades, en ciertas comunidades, por ejemplo San Francisco, Nueva York.

P: Ahora, si alguien le dijera a usted que en los EE.UU. no existen presos políticos, ¿qué le respondería?

R: Que eso claramente no es la verdad. Hay muy diferentes tipos de presos políticos en los Estados Unidos. Están los presos políticos como Oscar López y Carlos Torres, de Puerto Rico. Hay presos políticos miembros de la Iglesia Católica, que son pacifistas, contra todos los armamentos militares, que invaden las bases. Hay otros presos políticos también, católicos principalmente, contra la Escuela de las Américas, donde se enseña la tortura. Yo estuve encarcelada cinco años con una mujer que estaba en la cárcel solo porque ella participó en una de esas manifestaciones contra la Escuela de las Américas. Hay presos políticos como Leonard Peltier del movimiento de los aborígenes, hay presos políticos afroamericanos como los que fueron acusados junto conmigo. Toda esta gente son presos políticos.

En este momento hay cinco ciudadanos cubanos encarcelados dentro de los Estados Unidos, algunos acusados de espionaje, con sentencias enormes. Ellos también son presos políticos. En la situación de confrontación entre Estados Unidos y Cuba, Washington quiso castigar a las personas que defienden a Cuba.

P: ¿Cuál es la situación de un preso político dentro de una cárcel norteamericana?

R: Yo creo que depende del periodo. Hay periodos muchos más duros que otros. Y depende también del apoyo que se tiene de la gente de afuera. Eso es tremendamente importante.

Por ejemplo, en mi caso, cuando se creó el movimiento en Italia a favor de mi regreso, mejoró el tratamiento que me daban porque sabían que estaba apoyada por la solidaridad de afuera.

Esto fue muy importante también para los presos puertorriqueños: el movimiento de apoyo y solidaridad desde la Isla y desde adentro de las comunidades puertorriqueñas.

Ya se está hablando del asunto de los Cinco cubanos, eso es esencial, lo internacional es muy importante también. Estados Unidos dice siempre que solo le interesan las cuestiones dentro del país. Pero esa es su posición pública. Su posición interna, es que cuando otros gobiernos y personas empiezan a preguntar por qué el tratamiento, etc., las cosas cambian.

Por otra parte, yo creo que después del 11 de septiembre, las cosas empeoraron. Por ejemplo, todos los vinculados a mi caso practican el Islam. Ellos fueron puestos en celdas de aislamiento, porque eran practicantes del Islam y porque eran políticos.

Lynne Stewart(3), una de los abogados en mi juicio, está enfrentando ahora mismo una posible condena de 30 años, por sacar un mensaje de uno de sus representados, condenado de por vida por terrorismo. Una mujer de 65 años, posiblemente deba hacer 30 años de cárcel.

P: Siendo prisionera política, ¿cuántas veces Silvia Baraldini sufrió aislamiento, o cambio de cárcel?

R: Aislamiento, dos años. Me enfermé físicamente, pero te voy a explicar en qué tipo de hueco o como ellos le llaman: una unidad especial. Estábamos tres presas políticas: Alejandrina Torres, puertorriqueña, Susan Rosenberg, norteamericana, y yo, éramos tres en esa Unidad Subterránea Especial.

P: ¿Sin ver la luz del sol?

R: Solo cuando nos traían afuera para el periodo de descanso. Pero la Unidad estaba adentro, todas las ventanas estaban cubiertas con láminas de metal. Una de las cosas que querían era desestabilizarnos, creándonos un mundo artificial, donde no había diferencia entre el día y la noche, nunca se sabía bien la hora, pues había solo luz artificial. En esas unidades especiales experimentan cada vez algo diferente y después abren una cárcel especial con todo eso. Hay como una progresión que se inicia con Marion —que es una cárcel para hombres— y termina en Guantánamo. Guantánamo es la totalidad, pero aspectos de Guantánamo fueron experimentados dentro de los EE.UU.

P: ¿Qué crimen cometieron para ir a una unidad especial?

R: En mi caso dijeron que yo era miembro y había ayudado a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional de Puerto Rico, y que ese grupo era tan fuerte que podían entrar a la cárcel para liberarnos a nosotros. Entonces, para supuestamente asegurar nuestra seguridad, nos pusieron en esta cárcel especial.

El juez dijo que la decisión era contraria a la Constitución porque nos pusieron en estas condiciones no por nuestro comportamiento, sino por nuestras ideas políticas. Y eso no es permitido por la Constitución, que debe garantizar las ideas políticas de la gente.

Ellos dijeron que eso terminó, pero en ese momento las tres ya estábamos enfermas. A mí me trajeron a un hospital, a las otras también, porque todas estábamos enfermas, después de dos años.

P: ¿Enferma físicamente?

R: Tanto que me operaron. Alejandrina por ejemplo, tenía una enfermedad del corazón que se empeoró y Susan terminó anoréxica, jugaba con su comida, no comía. Ese fue el resultado de las condiciones. Pero debo decir en esta ocasión también que el movimiento de solidaridad con nosotras, fue importantísimo para terminar con el encierro. Claro, no sucedió en un día, pasó en un periodo de dos años, pero en este periodo afuera lucharon muy fuerte para denunciar las condiciones. Eso fue también muy importante.

P: Una precisión, ¿Silvia Baraldini alguna vez fue sorprendida con un arma, le hizo algún daño a alguien, para pagar esas condenas tan altas?

R: No. Yo era una persona pública¼ trabajaba como asistente de abogado en defensa de los presos políticos. Me arrestaron en el momento en que estaba para irme a visitar a uno de los presos. Dijeron que yo había participado en la evasión de Assata Shakur. Ellos están todavía muy rabiosos por esa evasión, el gobierno no lo ha perdonado, todavía quieren hacerla regresar a los Estados Unidos.

Ellos dijeron que era una conspiración, claro que otros co-acusados lo fueron por otras cosas, pero contra mí lo más importante fue la evasión. En un momento seleccioné decir: sí, he participado, porque pensé que era la cosa justa de hacer.

En el juicio no, no dije nada, pero después cuando la gente me dijo, tú eres inocente, yo decidí decir: no, no soy inocente, yo he participado en la evasión, ese no es el problema, el problema es otro.

P: Usted reivindicó la justicia de esa lucha¼

R: Sí, de esto sí. Pero hay que explicar también por qué 43 años, porque nadie comprende cómo es posible una sentencia de 43 años. Hay que ponerla en un contexto político. Tenía que decir: sí, he participado, no porque ella es mi amiga, no porque la conozco, he participado porque ella representa ciertas cosas en un período de la historia estadounidense, que es muy importante desde mi punto de vista político.

Cuando se habla de la historia del movimiento, no se puede decir siempre que todas esas personas encarceladas son inocentes, porque si se dice que son todas inocentes, se está diciendo también de cierto modo que no existe el movimiento. Por eso yo dije que he participado en este movimiento, porque es justo.

P: En el caso suyo, ¿hubo proceso de apelaciones ante los tribunales de otras instancias?

R: Sí, y el resultado fue que la Corte declaró que las pruebas contra mí no eran muchas, pero que en la totalidad del caso no querían cambiar la decisión¼ Las pruebas contra mí eran débiles, pero por la totalidad del caso no querían cambiar la decisión de mi condena.

P: Pero hoy estamos viviendo un momento muy diferente. Algunos dicen que mientras esté Bush, por ejemplo, no hay esperanzas para los Cinco. En estos momentos hay muchas más personas sufriendo todo lo que ustedes sufrieron y lo que sufren ellos¼

R: Sí, eso es verdad, es un momento muy duro, pero no es la primera vez que esto pasa en los Estados Unidos. Incluso creo que es más importante luchar en este momento, que en los momentos más abiertos, más democráticos, y también en este momento es esencial crear solidaridad a nivel internacional.

Mira cómo están cambiando las cosas en América Latina, con gobiernos muy diferentes a los gobiernos de 20 años antes. Veinte años antes se hablaba de dictadores en Argentina, Chile¼ ahora se habla de Lula, Chávez, Kirchner, están cambiando las cosas.

No se debe mirar solo lo que está sucediendo dentro de los Estados Unidos. Se deben también analizar las cosas internacionalmente, comprender bien qué está sucediendo, por ejemplo en América Latina; porque eso crea más posibilidades para el movimiento de solidaridad con los Cinco, eso significa que pueden cambiar las cosas.

P: ¿Tiene algún mensaje personal para ellos que si la conocen deben admirarla mucho?

R: Yo solo quería decirles que es muy importante siempre, comportarse como se están comportando, defender sus ideas, porque esa es la única manera de crear un movimiento de solidaridad. Al final los Estados Unidos responden a la presión internacional. Hacen creer que no, pero si se crea un movimiento fuerte, se pueden obtener soluciones políticas. Ellos no lo van a decir de esa manera, pero lo hacen. No sé cómo explicar esta contradicción entre acción pública y privada, pero existe y sí se puede crear un movimiento para obtener su libertad.

LA GRAN PESADUMBRE DE SILVIA

Han pasado dos años desde nuestra entrevista. No sé cuánto habrá cambiado la expresión de la mirada de Silvia Baraldini desde que se sabe completamente libre, pero sí recuerdo la que tenía cuando nos despedimos de prisa porque estaba muy próxima la hora de reportarse a la Policía. Un pozo de pena le disputaba plenitud a su magnífica sonrisa. Y aunque no grabé sus últimas palabras, todavía puedo recordarlas como si las hubiera dicho ayer mismo: "¿Sabes lo que me angustia más actualmente? Que todos los que salimos de una forma u otra somos blancos. Los afroamericanos de nuestra causa siguen presos, sin perdón presidencial, sin libertad vigilada. Siguen estando presos allí o perseguidos a donde vayan".

1. Estados Unidos e Italia son firmantes de esta Convención que permite que los nacionales de un país puedan cumplir sus condenas en el país de nacimiento.

2. Luchadora política afroamericana, que escapó de prisión y vive en el exilio desde 1984. El FBI, que la persigue con saña, ha llegado a ofrecer un millón de dólares por su captura. Ver más en: www.assatashakur.org

3. Como abogada representa al jeque Omar Abdel Rahman —también conocido como el jeque oculto— que está sirviendo una condena de vida bajo cargos de terrorismo por el primer atentado (fallido) a las Torres Gemelas. Lynne Stewart fue hallada culpable de ayudar a Rahman a comunicar a sus seguidores en Egipto mensajes pidiéndoles un alto el fuego y a la violencia. Recientemente un Juez dictaminó 28 meses de prisión, mientras esperaba el resultado de la apelación de su condena por 30 años.
Tomado del periódico Granma

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