Blogia
Amanciero soy

Una distinción

Una distinción

Como fotogramas de una cinta cinematográfica, los recuerdos se agolparon y pujaron para deslizarse por los senderos de una memoria que a raudales paría escenas llenas de vivencias y nostalgias.
La solemnidad del recinto, la presencia cercana de afectos y muestras de cariño, respeto y reconocimiento, hicieron de las suyas mientras esperaba el momento en que fuera colgada en mi pecho la Distinción Félix Elmuza.

En el remolino de evocaciones aparecieron las horas de desvelos durante el paritorio del aquel sitio sagrado para los tuneros, donde se venera la inmaculada presencia del Mayor General Vicente García González,  la verticalidad de su Brígida ante la invitación a la rendición de su adorado esposo y la fértil semilla engendrada en eu vientre patriótico.

De cuántas ceremonias fui testigos en el amplio salón que conserva en sus huesos la vocación libertaria de todo un pueblo.  Visitas de venerables personalidades, acontecimiento marcados por el simbolismos y trascendencia, eventos científicos que desnudaron acciones bélicas y empinaron a los pinos de nuevos de hoy al camino de los padres fundacionales.

Era mi turno. Hoy no vería los toros desde la barrera. El reconocimiento me tocaba en las íntimas fibras del sentimiento. El tiempo compartido con esta profesión de amor, unidad y compromiso, traía la reconfortante alegría del agasajo.

Juntas,  como prefirió Martí que estuviéramos los cubanos a la hora del llamado patrio, varias generaciones de periodistas  sonreían, sudaban o simplemente se dejaban arrastrar por la inevitable picazón del nerviosismo. Todos prestos al aporte permanente y comprometido.

La compresión familiar por las ausencias repetidas; los elogios o críticas oportunas nacidas en la célula fundamental de la sociedad;  esa familia que aconseja, advierte, mima y estimula. Vino por derecho propio al instante.

Allí en su firme postura, aquel desprendido joven que se contagió con la generación del centenario, la misma que estaba presta a borrar para siempre las miserias humanas que laceraban los destinos de la irredenta Cuba. El hombre que llegó a su tierra de nacimiento a bordo del yate de la libertad y  con la muerte se ganó el derecho a permanecer en el pináculo de la gloria patria convertido en  suprema inspiración para los soldados de las ideas.

El  periodista colegiado Félix Elmuza, quien estando en México enrolado en  preparativos  insurreccionales escribió a su hermana para expresarle que “…pronto estaré en Cuba por la libertad de nuestra patria” Explicaba que después del triunfo iba a “sacar de nuevo los hierros periodísticos”. La muerte fecunda le impidió ver el triunfo de la justicia.

Cuántas notas, crónicas y entrevistas en este tiempo. Siempre destacando la obra de millones de seres empeñados en mantener y consolidar el proyecto político social escogido.

De ahí que esa tarde donde las evocaciones me hicieron su presa;  cuando la nostalgia se anidó en la memoria para cobijarse junto a la alegría y el compromiso, la efigie del joven expedicionario prendida en mi pecho signó el inicio de una nueva etapa de realizaciones, superación profesional y entrega sincera.

0 comentarios