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Amanciero soy

El vergel de Vega

El vergel de Vega

Desde hace cinco años, Felipe Vega Padrón, se despojó de la rutina  y la inercia en las dependencias de Transporte Escolar, del municipio de Amancio y le entró a la tierra con  sus interioridades de frente, convencido de que sólo del trabajo creador nacen las verdaderas riquezas del hombre honrado.

Así en aproximadamente una hectárea, este hombre que frisa los 59 años de edad, junto a Restituto Zulueta, de 78 y Edilberto Selda, mantiene en producción sostenida, plantaciones de plátano,  lechuga, calabaza, tomate,  cebolla, ajo, remolacha, rábano, zanahorias, melón y ají.

- “Pero fíjese bien, me espetó imperativo Vega, aquí también cultivo ajo puerro, cebollín, yuca, berro, orégano y otras plantas medicinales. Pero donde me quedé sorprendido fue en ese pedacito que usted ve ahí (1 cordel). Sin mucho esfuerzo, sólo con atención y cuidado coseché unos 7 quintales de arroz”

- “Mire, esto aquí era manigua pura, tuvimos que trabajar duro  y comenzar a preparar la tierra, sembrarla y darle todas las atenciones culturales que los diferentes cultivos requieren. Ninguno de nosotros es especialista, pero la vida enseña y cuando se tiene interés, se aprende o “el Diablo son las cosas”,  cometa sonriente este humilde amanciero.

En pleno centro urbano del tunero municipio de Amancio, en un antiguo depósito de residuales del ingenio (bagazo) renace este vergel productivo, regado con sudor de dignidad y cultivado con manos, que no piensan en dinero, sino en la per cápita de vegetales, granos  y viandas que debe llevarse todo ser humano a la boca.

Felipe Vega Padrón, que es socio de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) “Mártires de Pino TRES”, está enfrascado en la construcción de un organopónico (sistema canteros para  cultivo intensivo, con una extensión de unos 75 cordeles de largo por 42 de ancho) además de un banco de materia orgánica.

- “¡Ah y anote ahí, que no gastamos combustible! (sólo el del bombeo del agua), ni tracción animal. Aquí los resultados tienen el sabor de las manos que lo logran, con consagración, sin pensar en otra retribución que no sea la satisfacción de nuestros semejantes”

Casi en la despedida, Vega, me confesó que sus producciones incrementan la dieta de sus vecinos, además de venderse en la placita de la CCS y el Mercado Agropecuario del municipio de Amancio.

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